Con este son ocho ya los volúmenes que lleva escritos el fabuloso Cosano sobre la huella indeleble que la negritud ha ido dejando en nuestra identidad desde siglos remotos hasta nuestros días. En su empeño natural y constante por desmenuzar hechos, situaciones y épocas que han determinado la innegable influencia de la negritud en nuestro talante, se vislumbra el reflejo de una sociedad que niega conocerse a sí misma. Que reniega de una parte que le es intrínseca con la precaución y el temor que delata a todo ignorante. Ahora cabe no solo esperar sino exigir que toda esta dedicación y esfuerzo, tan necesarios como reveladores, no caigan en terreno baldío, bajo ese síndrome de lo invisible que acostumbra imponerse cuando surge esa verdad que nos pone ante el espejo y refleja nuestra propia infamia. Tomar conciencia, por ejemplo, que gracias a trabajos como el de Jesús Cosano, creadores coetáneos de nuestro entorno escénico como el antropólogo y músico Raúl Rodríguez o el filósofo y músico Santiago Auserón, han fundamentado los cimientos de sus propias obras.