Los usos de la lengua en los ámbitos educativos, con demasiada frecuencia reflejan una visión del lenguaje predominantemente formal: se concibe la lengua principalmente como un conjunto de oraciones cuya descripción se realiza al margen de la intención y del uso contextual.
En este enfoque de la lengua quedan relegados o implícitamente expuestos los aspectos funcionales y procesuales, que, sin embargo, son fundamentales en la formación de los individuos, como vienen indicando, desde hace tiempo, disciplinas como la etnografía de la comunicación, la psicología cognitiva y la lingüística textual, entre otras, en su empeño por destacar los contextos y los procesos cognitivos que intervienen en la comunicación en general y en la producción textual, en particular.
Los efectos de la escritura sobre la sociedad humana han sido objeto de trabajos de psicólogos, de lingüistas, de antropólogos, de historiadores, de orientalistas, del mundo de la música, de la danza, de la arquitectura, y, por supuesto, de la educación.